​Varios favores de mi madre

Como es natural al menos hasta cierto punto , tengo mucha devoción a la intercesión de mi madre, Laurita Busca Otaegui, delante de Dios.

Relatos y favores
Opus Dei - ​Varios favores de mi madre

Acudo a ella en muchas ocasiones: verdaderamente cada vez que necesito algo, tanto si se trata de cosas de importancia, como si son pequeños problemas que me surgen en el acontecer diario. En este último caso me encuentro muy a menudo y me ayuda continuamente: si pierdo cosas, por ejemplo tengo facilidad para perder los pendientes o más bien el cierre de los pendientes. Me ha sucedido ya en varias ocasiones que pierdo uno, se lo encomiendo, y al cabo de un rato o al día siguiente, lo encuentro. También le pido que me ayude con el ordenador, que es mi instrumento de trabajo. A veces va muy lento o parece que se atasca... una mirada a la estampa para la devoción privada que la tengo siempre a mano y, de maneras muy diversas, se acaba solucionando el problema.

Con bastante frecuencia me ayuda a ser puntual, a que llegue el autobús que necesito no siempre sucede, ¡claro! , o a que si no llego bien, no tenga demasiada importancia.

Cuando tengo que redactar algún trabajo, o una reseña de un libro, le pido que me ponga la palabra adecuada en la frase que no me acaba de salir, o que sepa transmitir una idea, a veces negativa de apreciación de un escrito, con una manera amable, como ella supo hacer habitualmente en su vida: decir la verdad con una sonrisa en los labios, sin ofender.

Además de estas situaciones más o menos habituales, cada día le pido rezando la oración de la estampa por algunas intenciones de más envergaduras y que generalmente tienen que ver con otras personas que le tengo ya adjudicadas. Algunas de esas dificultades ya se han resuelto o están mejorando.

Por ejemplo le pido por el matrimonio de una amiga mía, María; no es que vaya mal, pero me parecía que necesitaba un empujoncillo. Hace una semana estuve con ella y me dijo que estaba embarazada. Le comenté que desde hacía varios meses estaba rezando a Dios a través de mi madre para que estuvieran unidos y el matrimonio se fortaleciera. Ahora ella, además de estar contenta con este nuevo embarazo, también se dirige a mi madre para pedir por su familia.

Tengo otra amiga que me habló de su jefa, que es muy exigente y les llena de trabajo, de manera que mi amiga estaba al borde del estrés. Me comentó que su jefa está casada y tiene problemas con sus hijos; concretamente tiene una hija adolescente con muy frecuentes crisis nerviosas y quizá por ello la madre está más tensa en el trabajo y lo transmite a sus subalternos. Quedamos en que le pediríamos a mi madre que intercediera para suavizar las crisis nerviosas de la adolescente. Después del verano, me ha contado que la joven ha pasado una temporada más tranquila y parece que se va suavizando su carácter.

En el mes de marzo pasado me invitó a comer a su casa la hija de una antigua amiga de mi madre, Mariajosé, que tiene alrededor de sesenta años. Nuestras madres habían sido muy amigas, pero las dos ya han fallecido. En la comida, además de nosotras dos, estaba su marido y su tío, un señor de más de ochenta años. El marido, un poco impulsivo, a propósito de algún tema relacionado con la política, empezó a decir algunas cosas contra el santo Padre y la Iglesia y, concretamente manifestó su opinión a favor de los métodos anticonceptivos. Yo sabía que su mujer, en buena parte, estaba de acuerdo con él y el tío también. En ese momento, viéndome invitada en su casa, no me atreví a llevarles la contraria; me resultaba muy violento, además de que no me dejaban mucha oportunidad de intervenir. Volví a casa hecha un lío porque no había dado mi opinión, ni había defendido la doctrina de la Iglesia. Así que, al día siguiente, después de encomendarme a mi madre, escribí una carta a Mariajosé en la que le decía que no me había visto capaz de expresar mi opinión, pero que no me parecía noble por mi parte no tratarla con sinceridad y decirle que yo estaba de acuerdo con lo que decía el Papa y con el Magisterio de la Iglesia. Eché la carta pidiéndole a mi madre que esto no enfriara la relación con Mariajosé y que pudiéramos seguir siendo amigas. Pasaron varias semanas sin saber nada de ella y, al cabo de un tiempo, me ha llamado para que volviéramos a hablar de otras cosas, de problemas de sus hijos y familiares. Es como si se hubiera vuelto a abrir la puerta de una amistad que, por una discrepancia importante, parecía haberse cerrado. Me volvió a invitar a comer y esta vez estuvieron todos mucho más serenos. Hablamos del aborto, del que se mostró absolutamente contraria. Sigo encomendando cada día a mi madre que la amistad con Mariajosé sirva para acercarle un poco más al calor de la Iglesia.

En mi familia tenemos una persona mayor y enferma, que necesita que una persona le acompañe por las noches. Desde hace seis meses contratamos a Gladis, una señora peruana, para que se encargara de ella por las noches. Poco a poco Gladis se ha ido haciendo con la casa, nos conoce más y tiene mayor confianza. Hace cosa de tres meses nos habló de un primo suyo, recién llegado del Perú, sin papeles, que buscaba trabajo. La verdad es que en los momentos actuales de crisis resulta aún más difícil encontrar empleo, y, aunque él tiene una buena titulación diplomado en ingeniería , estaba dispuesto a trabajar en lo que fuera. Le hablé de mi madre y decidimos rezar cada día la oración de la estampa para que su primo encontrara trabajo. Al principio logró un trabajo de dos horas diarias, pero era claramente insuficiente para mantenerse y ganarse la vida, además de que no le hacían contrato. Seguimos rezando a diario por este motivo y hace unas dos semanas llegó a casa contenta: le han contratado en una empresa seria para hacer un trabajo de acuerdo con su titulación. Estoy segura de que mi madre ha intercedido, porque siempre prestó mucha atención a las necesidades de la gente que estaba con nosotros en casa.

Este verano vino una amiga, Julia, a verme. Tiene alrededor de cuarenta años, es licenciada en derecho, y siempre se ha dedicado a trabajar en el seno de un partido político en el Ayuntamiento de Barcelona. Desde hacía tiempo se iba decepcionando de la política, pero mantenía su puesto de trabajo, pues de eso vivía. De pronto en uno de los vaivenes de los grupos políticos le empezaron a hacer el vacío y al cabo de un mes, con motivo de una reorganización del grupo político, la echaron a la calle. Vino a verme desolada. Había intentado encontrar otro trabajo enviando currículums, haciendo entrevistas, pero no conseguía nada. Se encontraba además un poco hundida; le parecía que a su edad era muy difícil reencaminarse en otra dirección profesional, etc. Le hablé de mi madre y le di una estampa para la devoción privada. Quedamos que las dos la rezaríamos cada día para que viera claro hacia dónde dirigirse y encontrara un trabajo. Al acabar el verano me vino a ver de nuevo: le había surgido la posibilidad de irse a Bolonia (Italia), con una beca para especializarse en derecho italiano. Ella habla esa lengua y le parecía una oportunidad que se le abría inesperadamente. Atribuyo este favor a mi madre y sigo rezando para que cuando acabe su beca encuentre un trabajo estable.

G.O.L.B., Barcelona